Como dijo Guille Milkway, "es el disco de la liberación". Y así es, por fin vemos a un Guille que ya se cree que es artista protagonista de su obra y no se esconde detrás de los 5 componentes ficticios de caras dulces y poperas. Hace como un año leí en la Rockdelux una entrevista en la que salía con su gorro. Este domningo en El País, tenía un reportaje a 3 páginas y sin complejos. Sí, sí, empieza a confiar en sí mismo, pero sin que se le suba. Después del concierto estuvimos a su lado, como quinceañeros de 30 pidiéndole fotos, autógrafos. Y él, Él allí, diciendo "no, yo no me lo merezco", mientras buscaba a su novia para darle besos, que es lo que le apatecía en vez de aguantar a unos fans encantados con que La Casa Azul exista.
Cuando una persona hace tanto bien por el resto del mundo (de verdad, La Casa Azul te hace volar y olvidar) y lo hace sin creerse un salvador (al estilo Bono, Al Gore y semejantes) todo lo que se puede decir de él es bueno y sin envidias. Guille controla todo en su mundo de liberación, maneja como nadie la producción (ruiditos, imágenes) y poco a poco comienza a tener una puesta en escena con instrumentos más sofisticados(ya no sale con la i-pod con las melodías pregrabadas como si fuera un vulgar dj). Guille tiene un corazón tan grande que agradece sin pudor el apoyo recibido, bien sea de Juan de Pablos o de Julito Ruíz. A diferencia de otros, se sabe afortunado en su desgracia imaginada.


