sábado, septiembre 22, 2007

diario de nueva york


El día de antes a volar me ocurrió una de las mías que por poco nos deja en tierra, hasta las 8 de la mañana del mismo día 31 todo estaba, cómo decirlo, volando. Ya me veía 2 semanas en casa sin hacer nada, porque después de dar la matraca con "lo siento pero adiós" a mis compañeros de curro, quién iba el lunes a la oficina más triste que una pasa y lo contaba. Yo no.
Como diría Woody Allen, chicos, vamos al lío.
día 0: vuelo, Time Square de refilón para no maltartar a una newyorkina con la avalancha de turistas, y cena en un pequeño italiano, Basílica, en la 9ª con las 47. Los camareros, sabiendo que nuestro acento significa poca propina, incluyeron el 15% en la cuenta. Todo un detalle por su parte.
día 1: Zona Cero y Wall Street, era sábado y los yuppies planchaban sus camisas o corrían mientras los turistas asaltábamos sus pequeños parques donde cada día malcomen un sandwich. Una vuelta por Century21 para ver que toda la ropa de grandes marcas, un poco hortera eso sí, estaba tirada de precio. Luego Chinatown, donde comprobé que no hay mejores empanadillas que las del chino de plaza españa; Little Italy, Soho, la zona más chic de la Gran Manzana, y Broadway, con sus teatros y millones de luces, todo un derroche en estos tiempos de cambio climático. Por la noche recorrimos el puente de Brooklyn y observamos el skyline, parecía un decorado de teatro.
día 2: Brunch en el Greenvillage, la zona donde tenía la casa Carrie Bradshaw y que empieza a ser colonizada por los adinerados, y por la tarde gran vuelta por Central Park con visita al Dakota (allí asesinaron a Lennon y envejece con elegancia Lauren Bacall) y el San Reno. Su portero, no sé si con la esperanza del dólar de propina, nos informó que viven Bono o Spileberg, entre otros artistas que no recuerdo.
Día 3: pensaba yo que teníamos el vuelo para Phoenix, pero la noche del domingo me di cuenta de que no era así. Menudo susto. Guggenheim, que estaba con la fachada envuelta en andamios para su rehabilitación, y caminata por la zona elegante y pudiente, lo segundo no implica lo primero, del Upper East Side y la 5ª Avenida. Y sí, Zara compite con Prada o Gucci, por lo menos en ocupar espacio. Por la noche fuimos al verdadeo puente de la película de Manhattan de Woody Allen, el Queensboro, siempre confundido, al menos por mí, con los puentes homónimos de los barrios, a ver, los puentes de Manhattan y Brooklyn.
Hasta aquí el primer tercio de viaje.

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