Después de tanto ir de aquí para allá, la tercera parte del viaje nos la tomamos con la idea de hacer vida de newyorkino, en plan caminar por la ciudad sin prisas, ir de tiendas o ir a la lavandería, que falta hacía. Por 1 dólar el kilo, te supercompactan la ropa como una pila de folios.
día 8: vuelta a Nueva York, perdimos las horas que le ganamos a la ida. Cenamos en un griego y nos peleamos con un lobster embadurnado en salsa de tomate. Es muy típico de Nueva York el lobster, aunque me parece demasiado revolcarse para la carne que había.
día 9: Lower East Side, el Malasaña de allí. Mucho punkie entre alguna guay del Soho. Por cierto, detuvieron a una chica (a lo Amy Winehouse) y frente a ella un par de esas pijas de gafas grandes la miraban diciendo, qué se joda. Ella no les pudo sacar el dedo, estaba esposada, pero les llamó de todo como en las películas.
día 10: fuimos a Tiffanys, donde realmente nada malo puede pasar, y visita a un Moma totalmente reformado para aguantar las piezas del escultor Richard Serra. Por la tarde nos trasladamos a unos apartamentos del barrio de Chelsea y cenamos viendo el Empire State Building entre nubes blancas (por la luz de los edificios que se reflejaba). Impresionante.
día 11: continuamos en Chelsea entre galerías de arte y tiendas de ropa, y por la noche salimos por el Lower East Side donde conocimos a gente muy peculiar, incluso a una réplica de una Pin-Up de los 50.
día 12: caminar y caminar por Nueva York es un placer. Al atardecer fuimos en ferry desde el Downtown hasta State Island para ver el skyline de la ciudad y la Estatua de la Libertad. Es un ferry gratuito que a esas horas estaba lleno de españoles, turistas como nosotros.
día 13: Decir Conney Island es decir Parque de Atracciones. Es decir burbuja anclada en los años 50, es decir concurso de comer hot dog (hasta 69) o es decir barrio ruso. También es decir playa, larga y de arena blanca. Todo esto a 45 minutos en metro, atravesando Brooklyn y Queens. Un viaje hacia atrás en el tiempo que mereció la pena. Por cierto que la noria es todo un emblema. Por la noche atravesamos el puente de Brooklyn y volvimos por el puente de Manhattan. A sus pies, el barrio chino dormía hasta el día siguiente. Parecía mentira que pudiera descansar en algún momento.
día 14: Conciertazo de Interpol en el Madison Squash Garden. Todo un lujo, toda una suerte poder verlos en su ciudad.
día 15: muy triste, muy triste... regreso a la rutina. Con lo que mola ser newyorkino!!!!!!!


