
Imagínate: fin de semana de estar de aquí para allá, cañas, bailar, calor, música house y techno-house por las plazas, gente con pluma, con virilidad excesiva en unos casos (da igual el sexo) y escaso en otros (siempre en el sexo masculino), algo de músculos por allí, algo de silicona por allá, bello de oso bajo el cuero negro: el Orgullo, las fiestas del Orgullo gay, las fiestas más populosas (que no populeras) de este Madrid nuestro y de todos. Imagínate el domingo después de todo ello, a los once de la noche por Gran Vía, viento extrañamente cálido y con la mala sensación de que llega el lunes en unas horas. Entonces compras unas empanadillas y un plato de tallarines fritos en el chino de Plaza España (imperdible), te sientas frente al Palacio Real con alguien especial, y con esa rara sensación como de estar en medio de Nueva York, comes, devoras con palillos chinos (todavía húmedos, aggghh) como si fueras Woody Allen mientras la gente pasa pensando, seguramente, "mira a esos de ahí comiendo pasta a estas horas". Lo que no saben es que son las mejores empanadillas que he probado, son las empanadillas del chino de Plaza España, donde comen los chinos sus cosas de ellos. Aunque cada vez hay más no-orientales (jóvenes entre 20 y 40 años, incluído Carlos Díez, que me lo encontré un sábano noche con sus amigos trendys) disfrutando de la mini-réplica de Chinatown.
Esto venía porque Madird con la temperatura de otoño, con la gente fuera de sus casas como en ninguna ciudad del mundo, unos celebrando el Orgullo, otros como gatos desvelados, es perfecta, sientes en esos momentos que de verdad tiene esa cosa que te agarra y no suelta.
1 comentario:
Vaya hombre, una semana sin bloggear y tú actualizando casi a diario... viva la jornada contínua! Gran cena, sí señor, chip&chic, que ganas de repetirlo pero en chinatown de nyc..
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