Conexión M-30 Sur con la A-5/A-6, o lo que es lo mismo, el gran gran túnel de la vorágine perforadora del Excelentisísimo Alcalde, mitad farón mitad topo, que, literalmente, me ha cortado la respiración en el taxi (gremio de estafadores natos, añado). Como era una hora no punta, el túnel estaba vacío. Miraba la obra (ya digo que el taxista me había timado con el recorrido y además llevaba Ondacero, que por lo menos desapareció allá por la mitad del agujero): señales, luces, paredes limpias, blancas, como salen en las revistas de decoración, coches lentos, y techo y más techo por encima nuestro. Ha sido raro saber que estaba atravesando Madrid por debajo de mi casa donde "antes había atasco, ahora hay verde" (bueno, o el pobre río). Y entonces, entre mezcla de verme un día atrapado como la película y ver con mis ojos la locura de obra de este nuestro Alcalde, se me han puesto los pelos de punta y cortado la respiración. Qué grande es la arrogancia del hombre.
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