miércoles, febrero 14, 2007

San Sebastían (o Donosti)

Cualquier idea que tuviese de Donosti quedó fulminada nada más sobrevolar su aeropuerto, de juguete, pasarlo bajo nuestros pies, salir al mar y volver a la pista pensando que podríamos acabar en el agua si el pajarito se tambaleaba más.
Pintxos, La Concha, Ondarrieta, el Peine del Viento, museo Chillida, los baños de la Perla, la tranquilidad de una ciudad de descanso varaniego digna de reinas y algún y que otro generalísimo. Pensar que Madrid está con una tuneladora en contínuo mientras un poco más al norte se puede soñar con una vida más tranquila (eso sí, salpicada, en la parte vieja, con carteles de apoyo a De Juana Chaos), no tiene precio, ¿o sí?.
Mezcla de burguesía adinerada consigo misma, parece una ciudad inalcanzable para vivir junto a la costa, pero bueno, es como tratar de vivir en Serrano con Ortega y Gasset.

Para repetir con La Buena Vida de bandara sonora, ese ñoñosti pop perfectamente comprensible en días de niebla mirando sin mirar.




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