miércoles, enero 17, 2007

Hay un hombre en España... que le duele todo.




Escribo esto bajo una sobre-dosis de valium (5 mg, eso sí) al estilo estrella del cine.
El sábado pasado me obligué, tras hacerme el repetido propósito de año nuevo de no perder del todo aquel deportista que fui, me metí, con algunas prisas, en la piscina y en plan bestia de pueblo. Luego cargué con la compra (un poco de leche, azucar, zumo, en fin, un par de kilos de comestibles) , la mochila, el abrigo. Por la noche noté que mi cuerpo crujía pero puede berrear, porque es lo que hago, con el Singstar de la PS2 (añado, genial, más que cualquier juego de mesa de hacer el payaso).
Domingo de pollo en casa Mingo, Babel y la retaíla de episodios de Prison Break (mira que es obsesiva), y mi cuerpo postrado en postura cuasi-horizontal.
Pero el lunes, ese maldito día de la semana en que el despertador más duele, en que las horas se hacen más cuesta arriba, acabé en urgencias: una contractura de caballo en deltoides y no sé qué más. Para grandes males, grandes remedios: pinchazo de valium en la cacha.
Para el martes mi cuerpo no era más que un trozo rígido de carne, empastillado con más valuim y otro painkiller un poco más moderado. Menos mal que el fisio de mi barrio es una maravilla y ha conseguido mitigar un poco la fibra no sé cuál, y aunque me recomendó que no me empastillase mucho, esta mañana no he resisitido la tencación de un valuium 5 mg (toda la caja, explicito) y el otro painkiller.
La verdad es que me duele todo, que mayor me voy haciendo. Con lo que que he sido yo.









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